La tarima natural aporta belleza, calidez y autenticidad a cualquier espacio. Pero, como todo material vivo, requiere unos cuidados específicos para mantener su aspecto y prolongar su vida útil. Frente a otros suelos más fríos y resistentes (como porcelánicos o vinílicos), la madera necesita un mantenimiento más consciente, aunque sencillo si se hace con regularidad.
A continuación, repasamos las claves para limpiar y cuidar correctamente una tarima natural.
1. La limpieza diaria: menos es más
● Evita el exceso de agua: la madera es sensible a la humedad, por lo que no conviene fregarla como un suelo cerámico.
● Mejor aspirar o barrer con cepillo de cerdas suaves para eliminar polvo y partículas que puedan rayar la superficie.
● Para el fregado frecuente, utiliza una mopa ligeramente humedecida con productos de limpieza neutros.
2. Productos adecuados
● Olvida los limpiadores agresivos (lejía, amoniaco, detergentes fuertes).
● Utiliza siempre limpiadores neutros: limpian sin dañar y mantienen la superficie en perfecto estado.
● Existen además productos específicos que aportan nutrición y protección, prolongando el aspecto natural de la tarima.
3. Mantenimiento a largo plazo
Aquí está una de las grandes ventajas de la tarima natural: su capacidad de renovarse.
En el caso de nuestras tarimas, la capa noble de 4 o 6 mm permite realizar de tres a seis acuchillados completos. Esto significa que, con un buen mantenimiento, el suelo puede acompañar al espacio durante muchísimos años, alargando su vida útil de manera extraordinaria.